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LAPEN organiza desde la década del 70 el Campamento de Servicio Cristiano en La Lucila del Mar,  ubicado en la costa atlántica de la provincia de Buenos Aires, Argentina.

Los creadores y pioneros de este campamento fueron Rubén y Nelly Del Ré, dos personas que Dios utilizó para ser de inspiración a tantos jóvenes que han pasado por el Campamento impartiéndoles la Visión de Dios de que “no se pierda ni uno de estos pequeños”.

Cuando el Señor llamó a Rubén a su presencia la obra continuó con otro matrimonio, Alberto y Amalia Beltrami que tomaron el desafío del Señor entendiendo el “ahora vos” como el llamado de parte de Dios.

Cada año, durante ocho días en enero, jóvenes de diferentes congregaciones del país deciden utilizar sus vacaciones para alcanzar a cientos de niños con el mensaje del evangelio en la playa, allí donde las familias disfrutan sus veraneos.

Llegan con las clásicas gorras blancas y con estandartes de cinco colores. Invitan a los niños que están allí a participar de alguna de las "Horas Felices" que se disponen a lo largo de la playa.  
Al final de la semana, en un Festival Infantil para toda la familia, donde participan todos los campamentistas y al que concurren cientos de niños con sus padres. Allí vemos como todo el campamento funciona como un verdadero cuerpo: mientras un grupo ensaya la obra de teatro que se va a presentar, otro grupo prepara la música. Algunos se encargan de la escenografía, mientras otros recorren la ciudad pegando afiches e invitando a todos para el festival.

Miles de niños han aceptado a nuestro Señor Jesús como Salvador a lo largo de estos  41 años
Pero nada de lo que podemos contar tendría valor si no fuera por la fidelidad de Dios a lo largo de todo este tiempo.

El tiempo para orar, para compartir un tiempo devocional con el resto de los jóvenes, o para oír Su Palabra, son el "motor" de este campamento.


NO SOLO LOS NIÑOS APRENDEN DE DIOS en estos días

Dios nos ha enseñado muchas cosas durante estos veranos, hemos conocido Su amor al ver cómo cientos de niños y muchos padres le abren sus corazones a Dios; hemos tenido verdaderos "desafíos de fe" y aprendimos sobre la fidelidad del Señor. Hechos como el siguiente se han repetido a lo largo de los años: Un domingo mientras estábamos celebrando la Cena del Señor comenzó a llover torrencialmente; un rato después, al finalizar, tendríamos que estar trabajando con los niños en la playa. Comenzamos a orar mientras alabábamos a Dios. El Señor se encargó del resto. Cuando terminamos el cielo estaba celeste y brillaba el sol. Pudimos ir a la playa y muchos niños recibieron a Jesús en su corazón.

Algunos jóvenes llegan al campamento creyendo que el objetivo es "entretener a los niños" mientras sus padres toman sol; pero luego de algunos días Dios pone en el corazón la carga de llegar a cada niño con su mensaje de salvación.

Podemos experimentar de cerca que ni un solo minuto invertido en las cosas de Dios se pierde. Una vez, un señor se acercó a una de las Horas Felices para oír qué estaba diciendo una maestra. Escuchó todo el mensaje y terminó recibiendo a Cristo en su corazón. Hoy se congrega en una iglesia del interior que fue revolucionada en el trabajo con niños por el testimonio y el "empuje" que llevó este hermano.

La mayoría de los jóvenes regresan a sus iglesias locales con la visión de alcanzar a los niños, y han comenzado trabajos en Horas Felices que permiten que los frutos del Campamento de Servicio Cristiano en la Lucila del Mar no se cuenten sólo en la playa.

 

 

 


 
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